Agosto 2015

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TERCIOPELO AZUL

Películas

BLUE VELVET / 1986

Dirección y guión: David Lynch

Fotografía: Frederick Elmes

Sonido: Ann Splet

Montaje: Duwayne Dunham

Reparto: Kyle Maclachan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper, Laura Dern.

Las condiciones de producción para Terciopelo Azul  fueron muy distintas que para Dune, su film anterior y fracaso comercial; libertad artística total para el director y bajo presupuesto.

Para Lynch Terciopelo azul está en las antípodas de Dune: es una oportunidad, la invención de un nuevo territorio.

De todas las películas de Lynch está es la más equilibrada y perfecta, es uno de los grandes filmes de la década de los 80 que resiste admirablemente el paso del tiempo.

La acción de Terciopelo Azul se sitúa en Lumberton, una pequeña ciudad imaginaria, dominada por la industria maderera (lo que deja implícito en el inconsciente del espectador la idea de la cercanía del bosque como lugar de lo misterioso, de lo que hay que investigar, de lo oculto, del mal, referencia obligada al imaginario norteamericano y mundial “infantil” de Las películas de Disney).

Jeffrey Beaumont, joven de apariencia honesta (Kyle  Maclachlan), se ve envuelto en una singular aventura que lo arrastra a las catacumbas de la ciudad y de su inconsciente. Aventura interior y exploración de un territorio desconocido, son aquí los fermentos de una intriga que opera en dos niveles: la normalidad y la monstruosidad, la apariencia y la cara oculta, el exoterismo y el esoterismo. Dos niveles que a medida que avanza la acción se tornan cada vez más permeables hasta la inolvidable y conmovedora imagen de Dorothy Vallens surgiendo desnuda y herida ante la casa de Sandy Williams (Laura Dern), la novia oficial de Jeffrey.

Antes de esta irrupción brutal y magnifica, el joven sufrirá una iniciación al mal de la que disfrutara tanto que se negará a confesarlo. Después de un prólogo construido por cuadros vivos cercanos a una estética hiperrealista, que muestran la ciudad en un día apacible, como una especie de paraíso tranquilo y provinciano, la acción comienza con el descubrimiento de una oreja cortada escondida entre la hierba.

Es la primera etapa de los misterios disimulados bajo engañosas apariencias. Este descubrimiento pondrá a Jeffrey en compañía de Sandy y luego sobre la pista de una mujer, la cantante Dorthy Vallens que vive bajo la tiranía de un maléfico y excesivo Frank Booth (Dennis Hopper). El verdadero motor de Terciopelo Azul es la curiosidad como medio de acceso al conocimiento. Hay un juego con el espectador como protagonista que viene de la mano del joven Jeffrey, quien tras asistir a una sesión de sadomasoquismo entre el malvado Frank y Dorothy, pasa a formar  parte de la trama de esa relación y queda atrapado en el juego del detective que sigue el transcurso de los hechos, los investiga y los descifra, Jeffrey pasa a involucrarse como un  protagonista más  de la historia entre la mujer y el repulsivo amante.

Lo  interesante, y en una referencia al cine de Hitchcock o De Palma, es que el personaje que representa al espectador, no está limitado ni impedido frente a las situaciones y los hechos que le rodean por más macabros y repugnantes que le  parezcan, sino que está absolutamente seducido por el deseo que subyace en el fondo de toda imagen del mal, con lo que Lynch viene a subrayar la idea de que todos tenemos nuestra parte oscura por más que la oprimamos tras nuestras opciones, modelos  y apariencias. De ahí brotarían el conjunto de contradicciones  que dan forma a estas imágenes de Lynch que nos seducen y nos atrapan, llegando a transformarnos en espectadores seguidores de su cine.

La música es un aspecto fundamental, no sólo en esta Blue Velvet, sino en la obra completa de Lynch las relaciones con la música en su obra son múltiples, dando cuenta de que contribuyen notablemente a la identidad de esta, el centro de este territorio sonoro lo constituye su colaboración con el músico compositor Angelo Baladamenti, su estilo está inmerso en el espíritu de la década del 50. Su música aparece como una variación contemporánea sobre una época que fascina y termina por alcanzar una forma de cortocircuito temporal que colinda con lo onírico. Además de esto, Lynch trabaja desde hace tiempo superponiendo fragmentos de melodías preexistentes con las partituras originales que encarga. Así, de “In Dreams” de Roy Orbison en terciopelo azul a “Sinnerman “de Nina Simone, que cierra Inland Empire. Las obras de Lynch están pobladas de canciones procedentes de distintos territorios, que van desde el rock and roll a la balada pop, el blues y las composiciones de músicos contemporáneos como Krzystof Penderecki.

Es importante destacar que Lynch tiene un trabajo importante como compositor, instrumentista y productor de música.

 

BLUE VELVET

1986

Director and Script: David Lynch

Photography: Frederick Elmes

Sound: Ann Splet

Montage: Duwayne Dunham

Cast: Kyle Maclachan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper, Laura Dern.

The production conditions for Blue Velvet were very different than for Dune, its previous film and commercial failure; Total artistic freedom for the director and low budget.

For Lynch Blue velvet is the opposite of Dune: it is an opportunity, the invention of a new territory.

Of all Lynch’s films this is the most balanced and perfect, it is one of the great films of the 80’s that resists the passage of time.

The action of Blue Velvet is situated in Lumberton, a small imaginary city, dominated by the timber industry (which implies in the unconscious of the spectator the idea of
the closeness to the forest as a place of mystery, of what has to be investigated, Of the occult, the evil, obligatory reference of Disney films).

Jeffrey Beaumont, an honest-looking young man (Kyle Maclachlan), is dragged in a singular adventure that takes him to the city’s catacombs and his own unconscious. Inner adventure and exploration of an unknown territory, here the intrigue operates on two levels: normality and monstrosity, appearance and hidden face, exoterism and esotericism. Two levels that as the action progresses become increasingly permeable until the unforgettable and thrilling image of Dorothy Vallens emerging naked and injured before the home of Sandy Williams (Laura Dern), the official girlfriend of Jeffrey.

Before this brutal and magnificent irruption, the young man will suffer an initiation to “evil” of which he will enjoy so much that he will refuse to confess it. After a hyperrealistic prologue, which show the city on a peaceful day, as a kind of quiet and provincial paradise, the action begins with the discovery of a cut ear hidden in the grass.

It is the first stage of mysteries concealed under deceptive appearances. This discovery will put Jeffrey in the company of Sandy and then on the track of a woman, the singer Dorthy Vallens who lives under the tyranny of an evil and excessive Frank Booth (Dennis Hopper). The real engine of Blue Velvet is curiosity as access to knowledge. There is a game with the viewer as protagonist that comes from the hand of the young Jeffrey, who after attending a session of sadomasochism between the evil Frank and Dorothy, becomes part of that relationship and is trapped in the game of detective Who follows the course of events, investigates them and deciphers them, Jeffrey becomes involved as one more protagonist of the story between the woman and the repulsive lover.

What is interesting, and as a reference to the films of Hitchcock or of De Palma, is that the character who represents the viewer, is not limited or impeded from the situations and facts that surround him as macabre and repugnant as they may seem, Is absolutely seduced by the desire that lies at the bottom of every image of evil, with which Lynch comes to underline the idea that we all have our dark part no matter how much we oppress it behind our choices, models and appearances. From there, the set of contradictions that give shape to these images of Lynch that seduce us and catch us, arriving to transform us into spectators followers of his cinema.

Music is a fundamental aspect, not only in Blue Velvet, but in the complete work of Lynch the relations with music in his work are multiple, contributing significantly to the identity of his work, the center of this sonorous territory Is his collaboration with the musician composer Angelo Baladamenti, his style is immersed in the spirit of the 50’s. His music appears as a contemporary variation of an era that fascinates and ends up reaching a form of temporary borders like in a dream. In addition to this, Lynch has been working for some time overlapping fragments of pre-existing melodies with original sheet music that he orders. From “In Dreams” by Roy Orbison in blue velvet to “Sinnerman” by Nina Simone, which closes Inland Empire. Lynch’s works are full with songs from different territories, ranging from rock and roll to pop ballad, blues and compositions by contemporary musicians like Krzystof Penderecki.

It is important to emphasize that Lynch has an important work like composer, instrumentalist and music producer.

 

MULHOLLAND DRIVE

Películas

2001

Dirección: David Lynch

Guión: David Lynch

Fotografía: Peter Deming

Sonido: Sosumu Tokunow, Edward Novick.

Montaje: Mary Sweeney

Decorados: Jack Fisk

Música: Angelo Baladamenti

Actuaciones: Naomi Watts (Betty Elms y Diane Selwyn), Laura Harring (Rita y Camila Rhodes), Robert Foster, Brent Briscoe, Justin Theroux.

 Mulholland Drive se concibió como episodio piloto para una nueva serie de TV para la cadena ABC. Pero la cadena no lo entendió como proyecto y lo rechazó. Quizás en un punto de partida que nos vincula a la importante y determinante serie Twin Peaks, podríamos decir que Lynch con Mulholland Drive se propone una especie de re mirada a sus tópicos pero trabajando la idea de sintetizar lo que puede ser la película y la serie  en un único crisol, el primer y ultimo episodio de una serie virtual que nunca se realizará.

Twin Peaks se articulaba en torno a una pequeña ciudad imaginaria en la frontera con Canadá, Mulholland Drive se sitúa en los Ángeles Hollywood. En la película, Lynch relata el intento de Betty, una aprendiz de actriz (Naomi Watts), de conquistar la fábrica de sueños americana, aunque Hollywood en realidad se presenta como una máquina de fantasmas y una cantera de complots e intrigas, que el cineasta escruta con buena dosis de humor negro y un elegante sentido del misterio. La película se abre con un cruce de sueños, identidades y accidentes; el rapto, el accidente y la amnesia de la morena Rita y la llegada de la entusiasmada rubia Betty a los Ángeles, lugar por excelencia de proyección e idealización de sueños. Las dos Mujeres se encuentran e inevitablemente se detona lo que va ha ser la línea fuerte del relato, más allá de todos sus desplazamientos hacia especies de micro mundos (estructura característica de la mirada Lynchana). Mulholland Drive es la historia de un amor imposible, ambiguo, vital y mortal a la vez. Toda la primera parte, acaso eufórica, relata el descubrimiento y desarrollo progresivo de ese amor hasta el punto culminante de su declaración nocturna (el sublime “estoy enamorada de ti”), antes de revelar el veneno que lleva en su seno, su parte de oscuridad y de pesadilla.

Independiente de la puerta que se escoja para entrar en Mulholland Drive, caemos una y otra vez en la dualidad. De esa dualidad a la vez forma, fondo, tema y objeto del film de Lynch, nace la fascinación por involucrarse en el juego del desciframiento y la interpretación de todo lo que ha ocurrido frente a nuestros ojos como espectadores.

 

MULHOLLAND DRIVE

2001

Director: David Lynch

Script: David Lynch

Photography: Peter Deming

Sound: Sosumu Tokunow, Edward Novick.

Montage: Mary Sweeney

Decoration: Jack Fisk

Music: Angelo Baladamenti

Cast: Naomi Watts (Betty Elms y Diane Selwyn), Laura Harring (Rita y Camila Rhodes), Robert Foster, Brent Briscoe, Justin Theroux.

Mulholland Drive was conceived as a pilot episode for a new series of TV for the ABC network. But the network did not understand it as a project and rejected it. Perhaps in a starting point that links us to the important and determinant Twin Peaks series, we could say that Lynch with Mulholland Drive proposes a kind of re-look at his topics but working on the idea of synthesizing what can be the film and the series In one piece, the first and last episode of a virtual series that will never take place.

Twin Peaks was articulated around a small imaginary city at the border with Canada, Mulholland Drive is situated in L.A, Hollywood. In the film, Lynch describes the attempt by Betty, an aspiring actress (Naomi Watts), to conquer the American dream factory, although Hollywood actually presents itself as a ghost factory and an underworld of intrigues, which the filmmaker does with a good dose of black humor and an elegant sense of mystery. The film opens with a crossroads of dreams, identities and accidents; kidnapping, accident and amnesia of the brunette, Rita, and the arrival of the enthusiastic blonde Betty to L.A, place of projection and idealization of dreams. The two Women meet and inevitably detonate what will be the strong line of the story. Mulholland Drive is the story of an impossible, ambiguous, vital and deadly love at the same time. The whole first part, perhaps euphoric, describes the discovery and progressive development of that love to the climax of the declaration (the sublime “I am in love with you”), before revealing the poison that it carries, its part of Darkness and nightmare.

Regardless of the door you choose to enter Mulholland Drive, we fall back into duality again and again. From this duality at the same time, form, background, theme and object of Lynch’s film, the fascination is born from getting involved in the game of decoding and interpreting everything that has happened before our eyes as spectators.

 

EL PASAJERO

Películas

1975, Italia.

Director: Michelangelo Antonioni.

Guión: Mark People, Péter Wollen y M. Antonioni.

Fotografía: Luciano Tovoli

Montaje: Franco Arcalli y Michelangelo Antonioni.

Música: Iván Vandor

Reparto: Jack Nicholson (David Locke), María Schneider (la chica), Jenny Runacre (Rachel, la esposa de Locke), Chuck Mulvehill (Robertson).

El pasajero subraya la temática de la crisis de identidad del ser humano, idea que atraviesa la filmografía de Antonioni iniciada en la trilogía: La Noche, La Aventura, El Eclipse y que continuó en: El Desierto Rojo y Blow up. El pasajero sostiene la premisa de la huida, el deseo de pérdida de una identidad como una salida a la crisis consigo mismo, que en

El pasajero es más radical, ya que opta por vivir la vida de otra persona.

David Locke topa con una premisa faustiana, pero de consecuencias más devastadoras. Locke, un reportero de televisión destinado a África central, intenta ponerse en contacto con unos rebeldes que pretenden derrocar una dictadura, abandonado, circunstancialmente decide volver al hotel, allí averigua que un hombre con el que guarda un gran parecido, llamado Robertson, ha muerto de un ataque al corazón y decide intercambiar las fotografías del pasaporte y asumir la identidad del  fallecido, de ahí en adelante su vida depende de la agenda del difunto Robertson.

La película trata del cambio de identidad, que remite a obras de Edgardo Allan Poe, Óscar Wilde, Guy De Maupassant, entre otros escritores.

El Psicoanalista Otto Rank describe este fenómeno así: “El pasado de una persona queda adherido ineludiblemente a ella y se convierte en su destino tan pronto como intenta librarse de él”.

En  El pasajero,  Antonioni reafirma, con una maestría notable, todas las características de lo que vienen siendo sus propias herramientas de construcción en su cine; la cámara de Antonioni recorre el paisaje en una búsqueda sinuosa que por momentos se pierde del argumento y se deja llevar por otros elementos que aparecen en el recorrido (especialmente en las escenas del desierto), los diálogos del reportero son escasos y el sonido ambiente se toma las imágenes para construir una imagen extrañamente cautivadora. El uso de la música es discreto pero intenso, como una  flauta africana que suena en escenas  de conversación o la guitarra española de la escena final en el hotel; en relación a la música Antonioni, subraya la idea de que no le gusta poner música a las imágenes como si se tratara de un libreto operístico. Rechazó  la idea de evitar que el silencio ocupe su espacio, la necesidad de llenar vacíos aparentes.

Consideración aparte es la escena final en que con una maestría única, Antonioni, diseña un movimiento de cámara que recorre y se desplaza por el espacio de la habitación y sale para diluirse en la atmósfera y cuestionar desde donde y quien es el que mira, otra idea que forma parte de los sellos de un director que con su cine aportó una mirada única a la historia del cine.

 

THE PASSENGER

1975, Italy

Director: Michelangelo Antonioni.

Script: Mark People, Péter Wollen y M. Antonioni.

Photography: Luciano Tovoli

Montage: Franco Arcalli y Michelangelo Antonioni.

Music: Iván Vandor

Cast: Jack Nicholson (David Locke), María Schneider (la chica), Jenny Runacre (Rachel, la esposa de Locke), Chuck Mulvehill (Robertson).

The main theme in “The passenger” is about the crisis of identity of the human being, idea that crosses the filmography of Antonioni initiated in the trilogy: The Night, The Adventure, The Eclipse and that continued in: The Red Desert and Blow up. The passenger holds the premise of “escape”, the desire to lose an identity as a way out of the crisis with himself, that in The passenger is more radical, because he chooses to live the life of another person.

Locke, a television reporter sent to Central Africa, tries to get in touch with some rebels who intend to topple a dictatorship, forlorn, he decides to return to the hotel, there he finds out that a man with whom he resembles a lot named Robertson is dead Of a heart attack and decides to exchange the photographs of the passport and assume the identity of the deceased, from then on his life depends on Robertson’s agenda.

The film deals with the change of identity, which refers to works by Edgardo Allan Poe, Óscar Wilde, Guy De Maupassant, among other writers.

Psychoanalyst Otto Rank describes this phenomenon as follows: “The past of a person is inevitably attached to them and becomes their destiny as soon as they trie to get rid of it.”

In The Passenger, Antonioni reaffirms, with a remarkable mastery, all the characteristics of what his own construction tools are in his cinema; The camera of Antonioni crosses the landscape in a sinuous search that at times loses the argument and is carried away by other elements that appear in the course (especially in the scenes of the desert), the dialogues of the reporter are few and the ambient sound with the images build a strangely captivating image. The use of music is discreet but intense, like an African flute that you can hear in conversation scenes or the Spanish guitar in the final scene at the hotel; In relation to music Antonioni, underlines the idea that he does not like to put music to images as if it were an opera libretto. He rejected the idea of preventing silence from occupying space, the need to fill emptiness.

Another contribution of Antonioni in this film is the final scene in which with a unique mastery he designs a camera movement that travels and moves through the space of the room and leaves to dilute in the atmosphere and question from where and who is the one who looks, another Idea that is part of the “stamps “of a director who with his films contributed a unique look to the history of cinema.