YA NADA SERÁ COMO ANTES

YA NADA SERÁ COMO ANTES

Exposiciones

DE GRACE WEINRIB

ABR – JUN 2016

El Museo de Artes Visuales y Beca AMA se complacen en presentar la obra de Grace Weinrib (Los Ángeles, EEUU, 1983), joven artista que se ha dedicado profusa y extensamente a la pintura.

YA NADA SERÁ COMO ANTES

Grace Weinrib se apropia de imágenes recortadas de revistas de arte y fotografía, de cómics, de manuales didácticos de pintura y dibujo, postales y fotografías. Muchas de ellas provienen de las cajas acumuladas que se encontraban en la casa donde creció. Otras son de su propia colección. Aún así, todas pertenecen a una misma época, entre los años sesenta y ochenta. Ella interviene estas imágenes con pintura al agua, acrílico, témpera y acuarela. Brochazos  breves y secos,  suaves  degradaciones de  color,  pinceladas  que mezclan los colores sobre la superficie de la pintura y suaves aguadas, disimulan, borran o resaltan ciertos elementos del fondo.

En la pintura de Grace se goza del color y de la expresión, cuando en ella se confronta a diversos problemas relacionados con la materialidad y los colores. Pero también presenciamos lo que sucede cuando en la pintura el Yo se confronta a su pasado y al desafío de relacionarse con él desde el presente. Por la poca distancia hacia el pasado es que el espacio pictórico está colmado, es obra abundante y llena de expresión. En este pasaje, el color es un medio que evoca distintos estados emocionales y permite elaborar las complejas relaciones al otro.

Fue durante la ayudantía del curso de Color I, junto a Eduardo Vilches, que la práctica del color encauza su trabajo hacia una experimentación detallada de éste. Si bien el color es percibido por un ojo educado en  una “…sociedad que ‘hace’ el color, que le da sus significados y definiciones, que construye sus códigos y sus valores…”  según los saberes

de su época, cada ojo ve como ningún otro y está más o menos ejercitado para hacerlo. Es la particularidad de la mirada sensible, influenciada por su propia historia e inserta en un mundo que no acaba de aprehender. Es un ojo abierto a lo invisible. A través del color, Grace revela, para sí y para el espectador, la singularidad de cada percepción. Detrás de su pintura hay una voluntad que insiste en validar la mirada propia e irremplazable de cada persona.

Ya nada será como antes es la prolongación de su residencia enGasworks. Al llegar a Londres,  Grace trabajaba provisoriamente en un taller del antiguo edificio industrial de Cremer St. destinado a la demolición. Al realizar la fotografía de este espacio, The Studio Seems to be a Painting (2015), Grace se pregunta si está frente a un espacio representado o a un espacio real. La porosidad entre la realidad y la pintura se manifiesta en esta pieza; la puerta parchada como un collage, la pintura blanca utilizada para ocultar y matizar las capas anteriores y las aristas de la pieza donde se acumulan y entrevén los antiguos colores.

Pero aún más, ¿no parece esta pieza contener el misterio de la pintura? Este espacio está cargado de historia y el misterio en la pintura de Weinrib, pienso, se produce precisamente en los espacios en que se construye la memoria, donde se encuentran “…los tesoros de innumerables imágenes de toda clase de cosas acarreadas por los sentidos”2. Allí algunos recuerdos más ocultos que otros se preservan y emergen cuando se les llama.

En La poética del espacio, Gaston Bachelard bosqueja una fenomenología de las imágenes poéticas del secreto, como lo son el cajón, los cofres y los armarios, lugares donde “…vive un centro que protege a toda la casa contra un desorden sin límites”. En la pintura de Grace hay muchos armarios. Como las cajas secretas japonesas realizadas en marquetería, las pinturas de esta muestra, principalmente abstractas, se van subdividiendo en espacios cada vez más pequeños, secretos e íntimos.

Esta segmentación está cuidadosamente elaborada por la interacción del color. Colores disonantes  y  ambiguos ­muchas veces esquivos de un nombre propio­ se cruzan con grandes planos y con vislumbres de color puro que reafirman la determinación de unos, versus la aparente indefinición de otros, al dialogar en la línea de encuentro. Desde los planos más amplios a los más estrechos el color goza de su transformación. Las composiciones podrían pertenecer al armario de André Breton, quien escribe: “El armario está  lleno de lienzos / Hay incluso rayos de luna que puedo desdoblar”. Para Grace

Weinrib, “La pintura es un refugio” ­inscripción en la puerta de su taller­ ya que creo, es ahí donde se organiza la vida psicológica secreta. Y el color es la luz que emana de ella y que se despliega e interactúa sin prejuicios. Emociona.

Apuntes (2015­2016) se compone de las páginas sueltas del diario de la artista. Refleja los múltiples cruces que se operan mientras recorre los parques, barrios, museos y ferias de Londres. Esquemas, diagramas, notas y dibujos revelan el proceso en que la memoria episódica y la semántica se van desenvolviendo.

Durante sus recorridos ­que podemos ver a través de las fotografías Notas al Pie (2016)­ Grace observa los edificios en demolición, frecuentes en Londres. Los espacios interiores de estas construcciones quedan expuestos a la vista de todos durante su destrucción. Se abre una vista cenital de la intimidad. Así como en los edificios a medio demoler en la serie Travelogue (2016), los espacios pictóricos se deconstruyen y se revelan zonas ocultas al cortar la pintura y plegar su reverso hacia adelante.

En La Pieza, the Piece, the Room (2016), Grace interviene un libro con fotografías de los espacios interiores y del mobiliario que desarrolló la comunidad Shaker. Estas construcciones son un reflejo de su pensamiento y creencias: simplicidad, utilidad y honestidad. Este mobiliario de rápida y fácil manufactura se vuelve común en Estados Unidos, donde Grace crece. A través de la intervención de este libro la artista rescata un pasado. Estos interiores, de extremo rigor, ella los habita; son su pieza, sus armarios. La pintura en numerosas capas, es rica y abundante, enteramente íntima y luminosa. La luz de cada pintura parece corresponder a la luz de una hora del día; desde el amanecer al ocaso los inscribe en un presente cotidiano. Al contrario, el blanco de cuatro de ellas las resta del tiempo: son acontecimientos suspendidos.

Finalmente, Olivier (2016) es una serie de pinturas sobre pedazos de cartón de pequeño y mediano formato. Las formas irregulares de las superficies hacen pensar que no son más que fragmentos de una pintura mayor, tal como las reconstituciones arqueológicas de los bajorrelieves egipcios o las pinturas de los muros restaurados del Neues Museum de Berlín, que visita la artista. Así, desde algunas operaciones de la memoria, como la fragmentación, la restitución, la contextualización y la sacralización, y desde la imposibilidad que tiene la memoria de abarcarlo todo, en esta exposición la inmensidad de la pintura se hace presente.

Ya nada será como antes anuncia un nuevo comienzo. Contempla la pérdida y la transformación que se produce en distintos momentos de la vida. En esta ocasión este comienzo se origina al volver del viaje, cuando Grace pinta blanco su taller. Después de serpentear por lasNymphéas de Claude Monet en L’Orangerie, de presenciar una parte de la historia de la pintura en la National Gallery, de ver las flores en el New Covent Garden Market, ya nada será como antes.

 

NOTHING WILL EVER BE AS BEFORE

BY GRACE WEINRIB

ABR – JUN 2016

The Museum of Visual Arts and the AMA Scholarship are pleased to present the work of Grace Weinrib (Los Angeles, USA, 1983), a young artist who has extensively devoted herself to painting.

NOTHING WILL EVER BE AS BEFORE

Grace Weinrib uses cut images of art and photography magazines, comics, didactic painting and drawing manuals, postcards and photographs. Many of them come from the accumulated boxes that were in the house where he grew up.

Others are from her own collection. Even so, they all belong to the same period, between the sixties and eighties. She intervenes these images with water-based painting, acrylic, gouache and watercolor. Brief and dry lines, soft color degradations, brushstrokes that mix colors on the surface of the painting and smooth water-colours, dissimulate, erase or highlight certain elements of the background.

In Grace’s painting she enjoys color and expression, when in it she confronts several problems related to materiality and colors. But we also witness what happens when in painting the ego confronts its past and the challenge of relating to it from the present. Because of the little distance with the past is that the pictorial space is full, it is abundant and full of expression. In this, color is the mean that evokes different emotional states and allows to elaborate complex relationships to the other.

It was during the assistant of the class of Color I, with Eduardo Vilches, that the practice of color leads her work towards a detailed experimentation of this.

Although the color is perceived by an eye educated in a “… society that ‘makes’ color, gives it its meanings and definitions, which builds its codes and values …” according to the knowledge of its time, each eye sees as no Another and is more or less exercised to do it. It is the particularity of the sensitive eye, influenced by its own history and inserted in a world that has not just learned. It is an open eye to the invisible. Through color, Grace reveals, for herself and the viewer, the uniqueness of each perception. Behind her painting there is a will that insists on validating the personal and irreplaceable look of each person.

Nothing will ever be as before is the extension of her residence in Gasworks. Arriving at London, Grace worked provisionally in a workshop at the old industrial building at Cremer St. doomed for demolition. Photographing this space, The Studio Seems to Be a Painting (2015), Grace wonders whether she is in front of a represented space or a real space. The dilemma between reality and painting is manifested in this piece; The patched door like a collage, the white paint used to hide and tint the previous layers and the edges of the room where you can see the old colors.

But even more, does this space not seem to contain the mystery of painting? It is full of history and the mystery in Weinrib’s painting, I think, occurs precisely in the spaces where memory is built, where “the treasures of innumerable images of
all sorts of things carried by the senses” are found. Some more hidden memories than others are preserved and emerge when they are called.

In Poetics of Space, Gaston Bachelard outlines a phenomenology of the poetic images of secrecy, such as the drawer, the coffers and the closets, places where “… Lives a center that protects the whole house against a mess without limits.” There are many cabinets in Grace’s painting. Like the Japanese secret boxes, the paintings of this exhibition, mainly abstract, are subdivided into increasingly smaller, secret and intimate spaces.

This segmentation is carefully crafted by the interaction of color. Dissonant and ambiguous colors – often elusive of a proper name – are interspersed with large spaces and glimpses of pure color that reaffirm the determination of some, versus the
apparent indefinition of others, on the line of encounter. From wide to narrow spaces the color enjoys its transformation. The compositions could belong to André Breton’s closet, who writes: “The closet is full of canvases / There are even moonbeams I can unfold.” To Grace Weinrib, “Painting is a refuge” ¬inscription at the door of her workshop – as I believe, this is where secret psychological life is organized. And the color is the light that emanates from it and that unfolds and interacts without prejudice.

Notes (2015-2016) from loose pages of the artist’s diary. It reflects the multiple crosses that run while she walks through parks, neighborhoods, museums and fairs of London. Diagrams, notes and drawings reveal the process in which episodic memory and semantics are unfold.During her tours which we can see through the photographs “Footnotes (2016) “ /”Notas al pie”, Grace observes the buildings in demolition, frequent in London. The interior spaces of these constructions are exposed to the sight of all during their destruction. It shows up the intimacy of the space. As in the half-demolished buildings in the Travelogue series (2016), the pictorial spaces are deconstructed and hidden areas are revealed by cutting the paint and folding its reverse forward.

In “La pieza, the Piece, the Room (2016)”, Grace intervenes a book with photographs of the interior spaces and the urban furniture that was developed by the Shaker community. These constructions are a reflection of her thinking and beliefs: simplicity, utility and honesty. This fast and easy-to-manufacture urban furniture becomes common in the United States, where Grace grows. Through the intervention of this book the artist rescues a past. These interiors, of extreme rigor, she inhabits them; Are his piece, his closets. The painting in numerous layers, is rich and abundant, entirely intimate and luminous. The light of each painting seems to correspond to the light of an hour of the day; From sunrise to sunset, inscribes them in an everyday present. On the contrary, the target of four of them is subtracted from time: they are suspended events.

Finally, Olivier (2016) is a series of paintings on pieces of cardboard of small and medium format. Irregular forms of surfaces suggest that they are nothing more than fragments of a larger painting, such as the archaeological reconstitutions of the Egyptian low-reliefs or the paintings of the restored walls of the Neues Museum of Berlin, which the artist visits. Thus, from some memory operations, such as fragmentation, restitution, contextualization and sacralization, and from the impossibility of the memory to cover everything, in this exhibition the immensity of painting becomes present.

Nothing will ever be as before announces a new beginning. It contemplates the loss and transformation that occurs at different moments of life. On this occasion this beginning originates returning from the trip, when Grace paints white her workshop. After winding through the Nymphéas by Claude Monet at L’Orangerie, to witness a part of the history of painting at the National Gallery, to see the flowers at the New Covent Garden Market, nothing will ever be as before.