BAJO LA ARENA

BAJO LA ARENA

Películas

2000, Francia.
Guión: François Ozon, Emmanuèle Bernheim, Marina De Van, Marcia Romano.
Fotografía: Jeanne Lapoirie, Antoine Héberlé.
Montaje: Laurence Bawedin
Música: Philippe Rombi
Interpretación: Charlotte Rampling, Bruno Cremer, Jacques Nolot, Alexandra Stewart.
 

En Bajo la arena, Ozon plantea una mirada contenida focalizada casi exclusivamente sobre el cuerpo de la protagonista; Charlotte Rampling, un cuerpo hermoso y desgajado en su madurez rebelde, cuerpo para soportar y hacerse cargo de un dolor suspendido en el tiempo.

Quizás la idea central desarrollada en el film tiene que ver con la de elaborar un discurso sobre el duelo, en donde de entrada el cuerpo sabe de la ausencia de otro cuerpo; sabemos del cuerpo que nos falta porque su ausencia nos produce un desequilibrio, un malestar, un dolor, una huella fantasmagórica que nos marca, alimentada porque también alojamos en nuestro cuerpo la esperanza de que esa pérdida es temporal y lo recuperaremos, volverá.

 

Pero el cuerpo muerto es la imagen ambigua con la que Ozon trabaja, más aún, el cuerpo desaparecido, vinculado a la muerte, el cuerpo muerto no puede guardar arrepentimiento, pasión, el cuerpo muerto no vuelve sino como cadáver.

 

Ozon trabaja sobre la duda, sobre la ambigüedad en el relato en que como espectadores no tenemos certezas para decir si el cuerpo está desaparecido o muerto, pero finalmente no está más y en este punto puede ser interesante, pensando en el film anterior que proyectamos –Una relación particular de Frédéric Fonteyne-, la idea de que en nuestro rol de espectadores e independiente de la información que se nos entrega, y todo el poder de que este dotada la imagen y la historia para seducirnos e involucrarnos, en un punto importante quedamos fuera, hay algo que no tenemos, que no podemos obtener, un secreto que intencionalmente no se nos entrega, no podemos acceder a ese lugar…  creo que ese misterio, esa duda, esa imposibilidad perturbadora torna más interesante el relato… y nos permite después de un rato abandonar esa búsqueda y poner nuestra atención en otros elementos e ideas, quizás para reconocer que lo importante está en lo que queda… en que ocurre con lo que queda.