Nace
en Alemania en 1925.
Con cerca de veinte años llega a Chile junto a sus
padres, huyendo del período alemán de posguerra.
En 1982 obtiene su licenciatura en Artes Plásticas
en la Universidad de Chile, y expone desde 1986.
El
gran tema de sus pinturas es el hombre. Es un contador de
cuentos, observador crítico del ser humano y su comportamiento,
sus sentimientos e imperfecciones, en la eterna y sorda
pelea de vivir todas las situaciones que tenemos a diario,
persistiendo en seguir adelante e incluso en dejar huella,
aunque la existencia pareciera a veces no tener mucho sentido.
Welss dice sentirse un pintor chileno, más marcado
por el paisaje nortino y el arte precolombino que por el
expresionismo alemán, del que algunos críticos
desprenden influencias en su obra. Es en el cromatismo de
sus pinturas donde mejor se traduce esta influencia, con
un colorido cercano a la tierra, amortiguado, como emergiendo
del blanco de la cal.
Una
influencia fundamental en su obra es el graffiti callejero,
tanto en el tratamiento del tema, del soporte y también
en la inclusión de textos y números, más
como elemento plástico que por su contenido.
Al igual que la pintura callejera, el suyo es un trabajo
de libertad lúdica, de tono humorístico y
sin solemnidades, donde la entretención cumple un
rol protagónico, reflejo de su mirada optimista de
la vida, autodefiniéndose como un pintor gozador.
Sus obras son un reencuentro con lo primitivo y lo espontáneo,
dejando cosas al azar para que no sean tan estructuradas.
Los personajes aparecen caricaturizados, casi estáticos,
simplificados y sin adornos, en escenarios mínimamente
definidos. Son imágenes de comprensión universal,
pertenecientes no sólo a su historia personal sino
también colectiva.
En
sus pinturas parece reconstruir un pedazo de muro, duro
y petrificado, soporte del graffiti. En respuesta a esto
su técnica de trabajo se ha afianzado cada vez más
en lo matérico, dando gran importancia a la textura
para recrear las particularidades rústicas y pastosas
del muro. Trabaja sobre la madera como soporte, generalmente
de pequeño formato, en la que superpone múltiples
capas de mezclas de pastas, yeso, cal, óleos y pigmentos,
en las que hunde los dedos, raspa, excava y añade,
en un constante diálogo con la materia.
El muro es para Welss “una especie de testigo del
tiempo, que está expuesto a la intemperie, la lluvia,
el sol, las rayas, las imperfecciones y todo lo que ocurre.”
Las figuras semi borrosas, la voluntaria tosquedad y el
predominio de tonos neutros sobre fondos disparejos, reflejan
el paso del tiempo y la historia de sus seres. Es un trabajo
que otorga a la memoria un papel fundamental, intentando
rescatar las cosas del olvido.