LA COLECCIÓN

POR QUÉ ENTRAR AL MUSEO

POR MARÍA IRENE ALCALDE

Visitar un museo de arte contemporáneo en Santiago parece ser una actividad, de acuerdo a las estadísticas, reservado a no muchos.

Las personas que visitan nuestros museos en Chile, son en su mayoría estudiantes, turistas y finalmente un público cautivo, es decir acostumbrado a visitar espacios de exhibición.

La gran pregunta que nos hacemos está referida a cómo hacer que un público masivo entre al museo y nos prefiera frente a la gran gama de posibilidades en su tiempo libre.

Veamos: en esta época de pocas certezas, de movimientos rápidos y drásticos, en un mundo que sobrevive a cambios constantes, a veces no podemos saber siquiera si nos encontramos al medio de una revolución o en un tiempo de espera.

No sabemos cómo este momento serámodificado ni hacia donde evolucionará, ni cuál será el comportamiento de la sociedad en un tiempo más, a veces en las horas siguientes. Es cuestión de observar el fenómeno de las imágenes que se viralizan o de los trending topics para confirmar esta aseveración.

Las fuentes de información y comunicación, alertas y rápidas, se mueven mas allá de las fronteras geográficas y el contacto humano se ve mediatizado por las posibilidades de internet. Los medios de comunicación apuntan a nuevos formatos una y otra vez, para mantener el ritmo dado por las redes; el teléfono celular se transforma en un aparato personal de consumo y producción de imágenes y sonidos en forma constante.

El mundo del arte se encuentra en la encrucijada de transformarse frente a este consumo de información que afecta directamente a las imágenes y con ello a los espacios de exhibición. Quizás el arte contemporáneo necesita replantearse frente a todas estas posibilidades, a estas actitudes nuevas que requieren de una interacción rápida y constante.

¿Puede un museo seguir siendo lo que era en su forma original?
¿Es válida la propuesta en un entorno que se ha modificado tanto?

Creemos que el arte y los artistas contemporáneos proporcionan, frente a todos estos estímulos un arma que no se puede desaprovechar cual es la posibilidad de la verdad, de la autenticidad. Detenerse delante de una obra original, ideada y producida por un artista sigue siendo una experiencia única, en contraposición a la distancia que solemos tomar cuando se trata de información proveniente de las redes. Cuando nos comunicamos con alguien a través de internet, cuando obtenemos información de algún tipo mediante la red, las certezas de verdad y de realidad son vagas: dudamos de los contenidos y enfrentamos las palabras habitualmente con desconfianza y espíritu crítico. Sabemos que existen intermediarios y la misma red hace el papel de mediador, permitiendo el ocultamiento de datos que no favorecen la comunicación y el conocimiento verdaderos.
Entrar a un recinto, aunque este sea producto de una idea proveniente de siglos anteriores, que tenga el silencio, la luz, las condiciones para sumergirnos en la contemplación de una obra única, representa un espacio verdadero, público y a la vez personal, de aproximación con otro ser humano que le otorgó un sentido al objeto que tenemos en frente.

El museo se vuelve más que nunca en un lugar de encuentro, una posibilidad.

Enfrentarnos a obras de arte debiera aproximarse a lo que denominamosexperiencia estética. Esta puede ser definida como un modo de encuentro con el mundo, con los objetos, fenómenos y situaciones ya sean naturales o creados por el ser humano, que produce en quien lo experimenta un placer, un conjunto de emociones y un tipo de conocimiento que puede considerarse de tipo estético.

¿Es posible cultivarla? La experiencia estética puede desarrollarse mediante la educación. No se trata de incluir nuevos contenidos, sino más bien lo contrario: ofrecer un espacio y un tiempo para aprender a contemplar. Ello requiere privilegiar la calidad y profundidad de contenidos, frente a la cantidad y superficialidad.

Para eso los museos debemos redoblar nuestros esfuerzos en una función que puede parecer dicotómica: por un lado subirnos a las redes y movilizar nuestros recursos dentro del sistema y además continuar siendo el espacio de verdad y autenticidad, donde se produce el encuentro con un otro verdadero.

 

WHY YOU SHOULD VISIT THE MUSEUM

BY MARÍA IRENE ALCALDE

Visiting a museum of contemporary art in Santiago seems to be an activity, according to statistics, reserved to not many people.

The people who visit our museums in Chile are mostly students, tourists and finally a captive audience, that is to say, accustomed to visiting exhibition spaces.

The big question we ask is how to make a mass audience enter the museum and prefer us among the wide range of possibilities in their free time.

Let’s see: in this age of few certainties, fast and drastic movements, in a world that survives constant changes, sometimes we cannot even know if we are in the middle of a revolution or a time of waiting.

We do not know how this moment will be modified or towards what it will evolve, nor how the behavior of society will be in the longer run, or in the following hours.It is a matter of observing the phenomenon of the images that are viralized or the trending topics to confirm this assertion.

The sources of information and communication, alert and fast, move beyond the geographical borders and human contact is mediated by the possibilities of the internet. The media point to new formats over and over again, to keep up with the networks; The cell phone is transformed into a personal device of consumption and constant production of images and sounds.

The world of art is at the crossroads of transforming itself against this consumption of information that directly affects the images and with it the exhibition spaces. Perhaps contemporary art needs to rethink itself in the face of all these possibilities, of these new attitudes that require a fast and constant interaction.

Can a museum remain what it was in its original form?

Is the proposal valid in an environment that has been modified so much?

We believe that art and contemporary artists provide, in the face of all these stimuli, a weapon that can not be overlooked as the possibility of truth, of authenticity. Looking at an original art-work, devised and produced by an artist remains a unique experience, as opposed to the distance we usually take when it comes to information coming from internet. When we communicate with someone through the internet, or when we obtain information of some kind through the web, certainties of truth and reality are vague: we doubt the contents and face it usually with distrust and critical spirit. We know that there are intermediaries, and the same network acts as mediator, allowing the concealment of data that does not favor true communication and knowledge.

To enter a space, although it’s a product of an idea from previous centuries, which has silence, light, the conditions to immerse ourselves in the contemplation of a unique work, represents a true, public, and at the same time personal, space of approximation with another human being that gave meaning to the object that we have before us.

The museum becomes more than ever a meeting place, a possibility.

Facing art- works should approach what is called an aesthetic experience. This can be defined as a way of meeting the world, with objects, and situations, whether natural or created by the human being, that produces pleasure, emotions and a type of knowledge that can be considered as aesthetic.

Is it possible for this to be cultivated? Aesthetic experience can be developed through education. It is not about including new content, but rather the opposite: to offer a space and a time to learn to contemplate. This requires prioritizing the quality and content, as opposed to quantity and superficiality.

For this to happen museums must redouble our efforts by dividing ourselves into several areas, on one hand use internet platforms and mobilize our resources within the system, and also continue to be the space of truth and authenticity, where encounters with a “real other” occur.