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Marcela Romagnoli y su próxima muestra
Parejas en armonía

El ser humano ha dominado la obra de esta destacada artista. Hombre y mujer aparecen una y otra vez, amándose u odiándose. Así de radical. Hoy están armónicamente encontrados, reflejo de la estabilidad que personalmente vive. El amor es el hilo conductor de “Amantes en Calce”, la muestra que muy pronto tendrá lugar en el museo de Artes Visuales.

Por: Paula Comandari


Cubierta con un overol naranjo y completamente empolvada me recibió Marcela Romagnoli (34), una de las escultoras más sobresalientes de la escena plástica nacional. Es que está de lleno trabajando para su próxima exposición en el museo de Artes Visuales y tiempo es lo único que no puede perder...
Empezamos a conversar y la energía que transmite es impresionante. Está siempre sonriente y su pasión por lo que hace es envidiable. Se lo pasa en su taller, -que está en su casa-, en Peñalolén, un lugar tranquilo y apartado del mundo, donde apenas se entra, aparecen majestuosamente sus esculturas... el hombre, la mujer, la pareja, quienes han sido “protagonistas” en toda su trayectoria artística.

Al parecer la pareja es “el” tema de tu vida.....
Es mi obsesión y mi único referente. Me interesa mostrar los encuentros y desencuentros, el tema de la fuerza y la tensión en las parejas. Por eso la figura humana está siempre presente en mi obra, porque es de lo que me gusta hablar...es mi contenido.

Pero esta muestra “Amantes en calce” parece mostrar el lado armónico de las relaciones, ¿hay algo de tu vida personal influyendo?
Sí, de todas formas es un reflejo de mi vida. Éste es un buen periodo para mí... Mi intención ahora es mostrar el abrazo, el amor, la pareja en calce. La idea es instalar dos grandes volúmenes que forman un conjunto potente, aunque ellos también funcionan separadamente, por ello la mayoría de las esculturas pueden separarse.

Marcela es delgada y frágil, por lo que nada hace pensar que es por medio de sus propias manos que trabaja materiales tan pesados como el bronce, la madera o el mármol. “Su sostén” es el hecho de haber sido deportista toda su vida. Hoy lo agradece, porque no puede pasar mucho tiempo sin trabajar en la escultura.

¿Qué tiene la escultura que no tenga la pintura?
Siempre me interesó el tema de la tridimensionalidad, el espacio y la utilización del cuerpo en el trabajo que hago. La pintura en cambio me produce un apretón mental, no así la escultura, que fácilmente me permite sacar de las manos lo que tengo en la mente. Me gusta esa sensación de cansancio que siento luego de estar trabajando. Y si me toca ir al banco me desespero, porque si no tengo el tiempo para trabajar me frustro muchísimo. Creo que podría morirme en el taller y nadie se daría cuenta.

Marcela estudió arte en la Universidad Católica, y hasta el cuarto año no se abrió la especialidad “escultura”. Se sentía “atrofiada” en la bidimensionalidad, por lo que en muchas ocasiones estuvo a punto de retirarse. Pasó por su mente estudiar arquitectura o ingeniería, pero en su cuarto año las cosas cambiaron puesto que se abrió la especialización que tanto había añorado.

¿Qué significó para ti ese momento?
¡Fue la locura misma! Comenzamos a trabajar con mucha fuerza y ánimo. Así salieron cosas muy interesantes. Creo que lo que más me obsesiona es el proceso que uno vive para hacer cada escultura, más que la escultura misma. Es un proceso eterno, que pocos realmente perciben. Aquí uno va pasando por muchos pasos hasta llegar al resultado. Y uno hace hasta el más mínimo detalle. Es lo que defiendo así como con pancartas...

¿Hay que defenderlo? ¿Se le da poca importancia a la escultura en nuestro país?
Creo que en Chile hay poca cultura en sí. Y si hay, es bien snob. Es un arte que se compra, pero no se vive. Y la escultura ha estado siempre en la cola, después de la pintura, claramente. Pero ha ido cambiando y hay instancias que la han apoyado. Creo que los arquitectos han sido importantes en esto, porque están construyendo, pensando en hacer nichos para la escultura. También la creación de la comisión Nemesio Antúnez ha sido trascendental, porque ahora los edificios públicos acceden siempre a alguna obra de arte. El trabajo de algunas galerías también ha sido un respaldo fuerte.

¿Cuál es la sensación que genera el proceso de creación?
Es impresionante cuando uno se da cuenta que te estás enfrentando a materiales en bruto y que tienes un mundo por desarrollar. En mi caso, el hecho de no ser autocrítica me ayuda mucho, porque siempre siento que las cosas me van a quedar bien. Y creo que ser así es una suerte que no todos tienen...

A Marcela se le olvida el mundo cuando está trabajando. Sus esculturas son únicas e irrepetibles, porque ella da valor a la pieza única. Define su arte como figurativo y ultra expresivo...Es que tan solo un vistazo de sus esculturas permiten experimentar un montón de sensaciones. Hoy por hoy no para de trabajar. Debe estar lista para su próxima exposición en el Museo de Artes Visuales, el 18 de agosto.

¿Qué representa para ti la muestra “Amantes en Calce?
Es como un cierre de un ciclo, aunque la verdad que no pienso en cerrar nada, porque no voy a abandonar la figura humana, pero es la primera exposición que abarca toda mi trayectoria en cuanto a temática, procesos y materiales. Es como un compendio de mi trabajo que será expuesto en un lugar por el cual me enamoré desde que lo pisé... es que es un espacio mandado a hacer.

El desafío de esta artista que se define “como obsesiva, trabajólica, con mucho empuje y positivismo frente a las cosas” es que llegue el día en que pueda crear obras de grandes dimensiones. Su referente es el museo Guggenheim en Bilbao...”el sueño del pibe”, su sueño por cierto.