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F l u j o
Obras de Gerardo Pulido y Tomás Rivas
Curaduría Cecilia Brunson

Esta exposición reúne obras recientes de Gerardo Pulido y Tomás Rivas, parcialmente producidas y pensadas durante la residencia Internacional de Artistas en Argentina (RIAA) en Marzo 2008, en conjunto con obras realizadas durante los últimos años (que reunidas suman una década de producción).

La exposición puede interpretarse como un experimento que intenta poner de manifiesto el proceso artístico en ocho obras específicas. Es un relato de las ideas que nacen durante la RIAA y que se expanden a partir de la colaboración entre la curadora Cecilia Brunson y los expositores, quienes seleccionan, conjuntamente, trabajos específicos o “hitos creativos” dentro de la producción de cada artista. Otorgando espacio para contrastes y semejanzas, como también para dudas y aciertos, el propósito del proceso entre artistas y curadora ha sido que la trama de la curaduría sea guiada por las obras mismas –en vez de imponer un guión temático sobre los trabajos. “Flujo” implicó desde un comienzo, una alta cuota de azar y posibilidad de sorpresa, enfatizando la exploración del proceso artístico. Unido a la noción de acción y efecto, los artistas se embarcaron en el reconocimiento del material en la obra, exasperándolo.

Temporalmente desligada de cualquier punto de orientación, la exposición emerge como un estudio del presente desde un lugar del pasado: estos ocho trabajos muestran una febril exploración sobre la tradición en el arte –desde la arquitectura Neo-Clásica, el Barroco y la pintura Moderna. Estas tradiciones aunque ya casi extintas aquí adquieren una nueva posibilidad, al reorganizar nuevas formas, encontrando nuevos valores. Desde el propio proceso artístico y la reflexión sobre las herencias del pasado, “Flujo” rechaza adherirse a un género o una jerarquía estilística, buscando entre las obras intensidades similares como, también, antagónicas, en vez de proponer una gran conclusión. Al intentar aprender del propio arte que se exhibe, la exposición, en sí misma, actúa como una máquina que produce mitos e inventa una historia pero, a la vez, funciona en sentido contrario, con la misma libertad. El museo es supuestamente un lugar que custodia objetos del pasado, es una bóveda de la memoria, y estar en lo contemporáneo implica presente y proceso –precisamente lo que “Flujo” intenta investigar.